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Monumento del “almirante nuestro” Miguel Grau

Publicado: 2026-01-07

La “Ciudad de los Reyes” alberga admirables y majestuosas edificaciones que, por su excelso significado histórico y cultural, contribuyen a afirmar la identidad y el sentido de pertenencia de sus habitantes. La esfinge de Miguel Grau Seminario, nuestro máximo adalid naval e ilustre protagonista de la vida republicana, situada al ingreso del Centro Histórico de Lima, es uno de esos representativos escenarios.

Es conveniente recordar que, durante el segundo régimen de Mariano I. Prado Ochoa (1876-1879), el Parlamento Nacional aprobó una ley, el 28 de octubre de 1879, para indemnizar a las víctimas del monitor Huáscar y, en su artículo 5, disponía: “Eríjase en el lugar más público de la capital de la República, un monumento en cuya parte superior se colocará la estatua del Contra-Almirante Grau: ‘La República del Perú a su más heroico y abnegado defensor Miguel Grau’ y, en la base, se inscribirán los hechos gloriosos que se han realizado, lo mismo que los nombres de los demás jefes, oficiales, tripulantes y guarnición del ‘Huáscar’. Las dimensiones y demás particularidades del monumento y de la estatua, serán determinadas por el Poder Ejecutivo”. Esta disposición no se concretó.

Los orígenes de esta magna obra se remontan a la Ley 7908 (1934), de autoría del jurista y senador Luis A. Eguiguren Escudero, en el segundo gobierno de Oscar R. Benavides Larrea (1933-1939), que disponía consignar los fondos necesarios en el presupuesto general para construir obeliscos en su honor en Piura y Lima. Así la primera piedra se colocó el 27 de julio de 1934.

Para su elaboración se designó, en el primer mandato de Manuel Prado Ugarteche (1939-1945), al precursor de la escultura contemporánea española Victorio Macho Rogado. Tras residir en Colombia inició una prolongada estancia en Lima, desde su llegada el 8 de febrero de 1940, donde se casó con Zoila Barrós Conti. Su amplio legado, incluyendo la maqueta original del monolito al “Caballero de los Mares”, se exhibe en su casa-museo en Toledo (España). El excongresista y dirigente de Acción Popular, Víctor A. García Belaunde, hace algunos años, donó a esta institución importante e inédito material documentario y fotográfico.

Este artista acogió, entre otros discípulos, a Isabel Benavides Barreda -hermana del ambientalista Felipe Benavides Barreda- quien llegó a él recomendada por el periodista y crítico Manuel Solari Swayne, amigo de su padre, el diplomático e impulsor del deporte olímpico amateur Alfredo Benavides Diez Canseco, descendiente por línea materna del oficial Fermín Diez Canseco Coloma, uno de los fallecidos en el monitor Huáscar.

En el libro “Isabel Benavides y John Davis – Impulsores de las artes” (2015), de autoría del Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPN), se asevera: “Macho se hallaba trabajando en esos momentos en el Monumento a Grau que el primer gobierno de Manuel Prado le había encargado, usando como taller el espacio que se le había asignado en el Museo de Arqueología y donde permaneció durante doce años: varias obras que se le encargaron desde el exterior fueron realizadas en ese lugar”. Más adelante, se afirma: “Isabel encontró trabajando allí a Joaquín Roca Rey, quien en la siguiente década se consolidaría como nuestro escultor más destacado. Entonces Roca Rey se ejercitaba en el dibujo copiando las esculturas de Macho y particularmente las secciones del relieve alegórico del monumento a Grau que se hallaba en proceso”.

Esta propuesta, que demandó varios años de trabajo, tiene 19.6 metros de altura y exhibe, en la parte central y delantera, una representación de héroe en bronce con los brazos cruzados delante de una rueda de timón. La versión original excluía su figura. En el lado superior existe una alegoría de la gloria con los brazos en alto. Según precisó el escultor español: “Las primeras gradas de la base de este monumento alude a la horizontal del mar y el volumen granítico de sensación monolítica que colma el cuerpo central, composición geométrica de estrías verticales y graderías de ritmos ascendentes, pudiera simbolizar la tierra del Perú” (El Comercio, octubre 28 de 1946).

La fundición fue asignada a la empresa del italiano Bruno Campaiola Basili, responsable de plasmar, en aquella época, la mayor parte de las esculturas de nuestra metrópoli. Su costo total ascendió a 670 mil soles. Sin embargo, ameritó severas críticas de artistas peruanos e inicialmente se ideó instalarla, entre varias opciones, en el área de la Casona de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos -colindante al Parque Universitario- o frente al Palacio de Justicia.

Encabezó su inauguración el presidente José L. Bustamante y Rivero (1945-1948), en la denominada “primavera democrática”, el 28 de octubre de 1946. A la imponente y nutrida ceremonia concurrieron Manuel Prado Ugarteche y las más altas autoridades nacionales: el titular del Congreso de la República y vicepresidente de la república, el poeta y escritor José Galvez Barrenechea, el alcalde de la ciudad, el arquitecto y urbanista Augusto Benavides Diez Canseco, el ministro del Ministerio de Educación, el intelectual y antropólogo Luis E. Valcárcel Vizcarra, entre otros. Este acontecimiento contó con la presencia del cuerpo diplomático y de la población. Por cierto, asistió su artífice a quien se impuso la condecoración “Cruz Peruana al Mérito Naval”, en el grado de Comendador distintivo Blanco.

En este acto intervino, en representación de la Cámara de Diputados, Nicanor Mujica Álvarez Calderón de las filas apristas. Empezó su disertación diciendo: “Almirante nuestro que estás en la gloria” y omitió mencionar al jefe de Estado e invitados. En la recepción en Palacio de Gobierno, el primer mandatario increpó a Víctor Raúl Haya de la Torre, jefe y fundador del Partido Aprista Peruano, la actitud del parlamentario. Éste respondió, con elegancia e ironía, que cuando se inaugure un monumento en su recuerdo, el discurso del representante aprista comenzará así: “Bustamante nuestro que estás en la gloria”. También, se escucharon las alocuciones del alcalde capitalino, del encargado de la cartera de Marina y de los titulares de los poderes Legislativo y Ejecutivo, respectivamente.

La develación estuvo a cargo del primer mandatario y del alférez de fragata Manuel Elías Bonnemaison, último sobreviviente de la plana mayor del monitor Huáscar en el Combate de Angamos (octubre 8 de 1879). La inscripción principal dice: “A la gloria del almirante Grau”. En ese mismo instante nuestra escuadra marítima rindió honores en El Callao. Se colocaron ofrendas florales, entonaron himnos y efectuó un impresionante desfile castrense y policial, comandado por el Gran Mariscal y Patrono del Arma de Blindados del Ejército del Perú, Eloy G. Ureta Montehermoso.

En la administración del burgomaestre Jorge Muñoz Wells (2019-2022), se llevó a cabo su restauración -como parte de un minucioso proceso de recuperación de espacios tradicionales- que incluyó la Alameda Paseo de los Héroes Navales, ubicada en la primera cuadra de la avenida Paseo de la República. Allí se exhiben figuras, declaradas Patrimonio Cultural de la Nación, de los más emblemáticos personajes de la Marina de Guerra del Perú en la Guerra del Pacífico (1879-1884).

En momentos de quiebre moral, desconcierto colectivo, atroz mezquindad, fragrante egoísmo y lacerante indolencia social, tiene inequívoca connotación y vigencia reflexiva lo escrito por el historiador e historiógrafo Jorge Basadre Grohmann en su “Historia de la República del Perú” (1939): “Por eso, Grau expresa las potencialidades que, a pesar de todo, hay en nuestras gentes; nos da un incorruptible tesoro espiritual: hierro de heroísmo, plata de aptitud, oro de bondad. Y como a todos los grandes de esta América para la que la historia es sólo prólogo, puede ser llamado Adelantado, Fundador, Padre”.

(*) Docente, comunicador y consultor en protocolo, ceremonial, etiqueta social y relaciones públicas. http://wperezruiz.blogspot.com/


Escrito por

Wilfredo Pérez Ruiz

Docente, comunicador y consultor en protocolo y ceremonial, etiqueta social, ética profesional, atención al cliente y técnicas de exposición


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